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LA

HUERTICA

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"El clima está cambiando, nosotros también deberíamos."

Sembrando Futuro Blog

LA AGRICULTURA INTEGRADA DE LA HUERTICA

Publicado el 19 Ee diciembre Ee 2020 a las 4:15 Comments comentarios (124)


Hoy vamos a hablar de la forma de producción agrícola característica de la mayoría de los productos frescos de LA HUERTICA, que como ya sabéis no tienen sello ecológico pues hoy en día para nosotros es un coste inviable y también innecesario, porque conseguimos una calidad del producto excelente, cultivado sin aditivos químicos que lo hace más sano y respetando el medio. LA AGRICULTURA INTEGRADA.

 

Nosotros siempre decimos que es un producto “del terreno”, cultivado con la experiencia de nuestros agricultores que aprendieron todo sin la necesidad de medicar sus cultivos, aprovechándose de todos los recursos naturales que tenían a su alcance, como rotación de cultivos, barbechos, fases lunares, cultivos en terraza y riegos tradicionales, combinado con nuevos conocimientos y maquinaria, respetando siempre el entorno.

 

La agricultura integrada es un sistema productivo más cercano a la agricultura ecológica que a la agricultura convencional. De hecho, en muchas ocasiones se dice que la producción integrada es el preludio de la conversión a la agricultura ecológica de las granjas o parcelas agrícolas. Pues para conseguir sello ecológico necesitas varios años de producción integrada en la explotación de ese suelo.

 

La agricultura integrada se caracteriza por ser un modelo basado en la producción racional y sostenible de alimentos, en lo que se minimiza el impacto en el medio ambiente y se potencian los métodos para la producción de alimentos libres de residuos tóxicos.

 

El origen de la producción integrada se encuentra en la necesidad de emprender acciones sostenibles que actúen de forma preventiva y en la lucha contra la aparición de plagas y enfermedades en los cultivos, uno de los rasgos característicos de la agricultura ecológica.

 

La producción integrada permite el uso de todas las técnicas disponibles, pero con la distinción de que éstas deben aplicarse en el momento óptimo y apropiado. De esta manera intenta reducir el impacto negativo sobre el medio ambiente y busca el desarrollo de la biodiversidad y la conservación de los ecosistemas. Combina técnicas de cultivo ecológicas con la implementación de una maquinaria óptima, un correcto manejo del suelo, control de la flora, el uso de riego, fertilizantes o de los productos que ayuden a controlar la aparición de plagas y enfermedades.

 

En España el cultivo con un mayor número de hectáreas en producción integrada es el olivo, seguido por cultivos como cereales, árboles frutales o viñedos.

 

Es posible que muchos de los que estéis leyendo este artículo hayáis visto el logotipo que aparece en la imagen en varios alimentos que consumís habitualmente. LA HUERTICA busca siempre esta filosofía de campo. Seguro que habéis visto ese logo de la imagen en alguno de nuestros productos como los plátanos, peras y manzanas; la oliva, la almendra, el albaricoque, melocotón, paraguaya, mango, pomelo, mandarina y la uva. Es el sistema de producción que utilizamos en nuestro huerto de cítricos, dónde aprovechamos al máximo los recursos naturales (sistema de riego en terraza, riego por acequia, abonos naturales, combinación de cultivos, rotaciones) combinados con nuevas tecnologías y maquinaria específica para agilizar el trabajo (máquinas de arado de tierra, de trituración de la madera de poda para aportar nitrógeno, composteras, desbrozadoras, motosierras) con técnicas de prevención y control de plagas (cepos de vinagre y pescado para los insectos y otros cepos para babosas, preparado del suelo, control de los bichitos buenos) evitando tener que utilizar fumigaciones innecesarias y peligrosas para el consumidor, pero sobre todo para el que da el tratamiento, con el fin de conseguir un producto de máxima calidad, la naranja.

 

Todos los productos que nosotros catalogamos "del terreno" utilizan esta técnica, porque es un sistema equilibrado entre el conocimiento y la experiencia de nuestros mayores, que se ocuparon de la tierra cuando no había nada más que sol y agua, y ni un duro en el bolsillo, y las nuevas técnicas y maquinaria que facilitan el trabajo en el campo. No usamos sello integrado, pero lo somos como se suele decir por “motivos de producción”, porque no hay dinero pero el trabajo bien hecho lo demostramos en la calidad del producto, sobre todo en su sabor.

 

LA HUERTICA busca siempre este sistema porque es el que más se adapta a nuestras necesidades, muchos de los productos frescos ecológicos no tienen sabor, o no tienen la calidad esperada, porque tú puedes cultivar una naranja ecológica y que ésta sea mediocre por muchas razones, porque la semilla es mala o se ha cultivado en condiciones diferentes y adversas a las que el necesita para desarrollarse. Lo que necesita no es solo amor, sino mucho calor, sol y que la tierra sea un poco salina, como las nuestras que son excepcionales.

 

SISTEMAS ALIMENTARIOS SOSTENIBLES

Publicado el 28 Ee noviembre Ee 2020 a las 3:45 Comments comentarios (187)


Los sistemas alimentarios y sus factores impulsores, agentes y elementos no existen en forma aislada, sino que interactúan entre sí y con otros sistemas (como los de salud, energía y transporte). Estos sistemas están vinculados entre sí e integrados en ciclos adaptables continuos de crecimiento, reestructuración y renovación (HLPE 2014). Según su definición, un “sistema alimentario sostenible es un sistema alimentario que garantiza la seguridad alimentaria y la nutrición para todas las personas de tal forma que no se pongan en riesgo las bases económicas, sociales y ambientales que permiten proporcionar seguridad alimentaria y nutrición a las generaciones futuras” (HLPE 2014, 34). Creo que colocar la seguridad alimentaria y la nutrición en una posición de prioridad central para evaluar la sostenibilidad de los sistemas alimentarios contribuirá a romper el círculo vicioso que crean la malnutrición y las enfermedades para todas las generaciones, y ayudará a los responsables de las políticas a convertir los datos en acción.


Nuestros sistemas alimentarios llevan décadas al borde del precipicio: niños que dependen del comedor escolar para no pasar hambre; países en los que una prohibición de exportación provocaría escasez de alimentos; granjas que no tendrían mano de obra si se prohibieran los desplazamientos; y familias en las regiones más pobres del mundo que no pueden perder ni un solo día de trabajo por correr el riesgo de la inseguridad alimentaria, coste insostenible de la vida y la migración forzada.


El sistema alimentario global nos está llevando hasta al borde del precipicio. Muchos sabemos que está en manos de los poderes corporativos y que están impulsando la destrucción de los ecosistemas naturales y contribuyendo a la crisis climática. Es, también, un sistema muy injusto: no garantiza precios justos y empleos seguros en el sector agrícola, lo que lleva a millones a la bancarrota y al abandono del campo. Tampoco fomenta la dieta que las personas necesitan ahora y en el futuro: menos alimentos de origen animal y más alimentos de origen vegetal, de producción ecológica y asequibles.


También sabemos que la forma en que producimos la mayor parte de nuestros alimentos está haciendo que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad empeoren notablemente, y que la agricultura es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, del 70% de la pérdida de agua dulce y del 80% de las pérdidas de hábitats. Ahora tenemos un círculo vicioso entre la producción de alimentos y la degradación de la naturaleza.


A diferencia del COVID19, las amenazas que supone el cambio climático no son nuevas, ya hemos advertido una y otra vez que nuestros sistemas de producción de alimentos no son sostenibles. El cambio climático ya está reduciendo nuestra producción de alimentos en las regiones más áridas, y llegar más allá de los 1.5 grados centígrados por encima de los promedios preindustriales tendría impactos cada vez más severos en los sistemas alimentarios.


Si esperamos hasta que los impactos en el clima se hagan más severos y generalizados, probablemente será demasiado tarde para evitar que entremos en otra crisis global. Llegados a este punto no basta con producir más alimentos en forma que se minimicen los daños al planeta: debemos empezar a producir alimentos de forma que activamente restauren su salud. Pues un planeta sin salud es un planeta sin vida.


A pesar de la evidencia del fracaso de nuestro sistema alimentario, nuestros gobiernos y la UE todavía están invirtiendo más dinero en su desarrollo. Es urgente transformar el sistema alimentario, construir uno nuevo que ponga a las personas y el planeta en el centro.


Desde mi punto de vista como agricultura ecológica creo que deberían cambiar muchos movimientos en las fichas de este tablero. La agroecología debe su resiliencia a la combinación de diferentes plantas y animales, utilizando sinergias naturales en vez de productos químicos sintéticos para regenerar los suelos, fertilizar los cultivos y combatir las plagas. Por eso es menos dependiente de los insumos importados, como fertilizantes y pesticidas, lo que reduce su fragilidad ante las perturbaciones comerciales y las fluctuaciones de precios. En lugar de despejar paisajes para sistemas agrícolas uniformes, la agroecología se basa en el “intercambio de tierras”. El enfoque territorial que defienden muchos agro ecólogos permite que los productores de alimentos y los conservacionistas se unan para encontrar soluciones que hacen posible la producción de alimentos saludables al tiempo que protegen importantes hábitats de vida silvestre. Las vulnerabilidades de nuestros sistemas alimentarios en múltiples niveles no deben olvidarse una vez que la crisis amaine. La tasa de nuevas epidemias y pandemias zoonóticas se está acelerando. Por lo tanto, los siguientes pasos son cruciales para construir resiliencia en todos los niveles:


1. Financiar a los agricultores, no las hectáreas

El dinero público de la UE está alimentando la desigualdad al enriquecer aún más a las grandes explotaciones industriales, mientras que la agricultura de pequeña escala va desapareciendo. Cuantas más tierras, más dinero reciben, independientemente de lo que produzcan o de cómo se cultive y cuide la tierra. Como resultado, poseer tierras de cultivo se ha convertido en un gran negocio, lo que ha atraído la corrupción, los oligarcas e incluso la mafia, mientras millones de pequeñas empresas han desaparecido tragadas por las explotaciones industriales.

La política agrícola de la UE debe ser radicalmente reformada para que el dinero público apoye a las personas agricultoras y a las comunidades locales. De lo contrario, también provocará que la actual crisis sanitaria empeore la situación de muchos agricultores vulnerables.


2. Alimentar a las personas, no a los animales

En la UE, el 71% de la superficie agrícola total se utiliza para alimentar animales. Si se usaran más tierras agrícolas para producir alimentos directamente para las personas necesitaríamos mucha menos superficie agrícola para la producción de alimentos saludables a nivel mundial. La producción de alimentos para animales también impulsa la deforestación y la destrucción de los ecosistemas que, junto con la expansión de la agricultura, la ganadería industrial y la explotación de especies silvestres, han creado una “tormenta perfecta” para la transmisión de enfermedades como la COVID-19 desde la fauna y flora silvestres a las personas.

Necesitamos abandonar el modelo de ganadería industrial. Menos y mejor carne proveniente de la ganadería extensiva y ecológica y más alimentos de origen vegetal, ecológicos, locales y de temporada es la garantía de más empleos de calidad en el sector agrícola y de un mundo rural vivo.


3. Más alimentos de origen vegetal, mejor salud

En tiempos de inestabilidad social y económica, es aún más importante que los alimentos de origen vegetal saludables estén ampliamente disponibles y sean asequibles. Pero el actual sistema de subsidios públicos ha incentivado la producción de alimentos perjudiciales tanto para nuestra salud como para el medio ambiente, siendo a menudo “más fácil” adoptar una dieta insana a consumir alimentos saludables y producidos de manera sostenible.

A nivel individual podemos elegir una dieta más saludable, pero nuestra elección está fuertemente condicionada por nuestro entorno social, cultural y comercial. La UE y los gobiernos nacionales deben establecer objetivos para reducir el consumo excesivo de carne y lácteos.


4. Financiar la producción de alimentos, no los combustibles y el comercio globalizado

La crisis del COVID-19 nos muestra que debemos avanzar hacia sistemas agrícolas locales y diversificados centrados en la producción ecológica. Europa ya se encuentra entre los principales exportadores mundiales de carne (España es ya el cuarto productor mundial de carne de cerdo) y lácteos, lo que tiene consecuencias terribles en las economías locales de los países importadores.

En lugar de utilizar el dinero público para la producción de cultivos para combustibles, debemos invertirlo en la creación de un nuevo sistema alimentario que produzca menos y mejores alimentos para las personas.


Desde LA HUERTICA pensamos que es hora de tomar decisiones audaces y comenzar a construir el sistema agroalimentario del futuro. El dinero público debe servir para financiar un sistema alimentario más resiliente y sostenible, que proporcione alimentos más saludables y un ambiente y clima más seguros, así como ingresos justos y empleos de calidad en el sector agroalimentario.

Se deben tomar medidas de inmediato para mantener el acceso a los alimentos y la seguridad en medio de esta crisis de salud pública. Los gobiernos deben establecer o fortalecer con urgencia mecanismos de protección social y programas de asistencia alimentaria de emergencia que protejan a los más vulnerables, incluyendo a los bebés y a los niños, a las personas mayores, a las personas con discapacidad y a los que viven en la pobreza, muchos de los cuales ya dependen de la ayuda alimentaria.

 


El Campo es la clave para afrontar la Crisis Climática y de Biodiversidad.

Publicado el 14 Ee noviembre Ee 2020 a las 5:15 Comments comentarios (121)



Ya estamos presenciando muchas de las consecuencias de ésta crisis en todo el mundo: el deshielo del Ártico, la subida del nivel del mar, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos o la contribución a la extinción masiva de especies animales y vegetales. En España, además, las sequías y las inundaciones son cada vez más devastadoras, como lo son también los incendios. Y, como siempre, las personas más vulnerables son las más expuestas y las que más sufren sus consecuencias, aunque son las menos responsables de los efectos del cambio climático.


Es urgente actuar, pero ningún gobierno en España ha tenido la ambición o el interés suficiente para cumplir con su deber ante la mayor amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta. Por esta falta de acción ante el cambio climático, y por no tener un Plan de respuesta ante este grave problema, tal y como obliga la Unión Europea LA HUERTICA se pone en pie de guerra. Sin planes no hay futuro.


Este año destaca como novedad en los PGE la creación de un programa para abordar el reto demográfico y la lucha contra la despoblación que cuenta con una partida de 19,01 millones de euros, de la que 17 millones se van a transferir a comunidades autónomas y entidades locales para actuaciones destinadas principalmente a servicios y conexión.


El mundo rural, nuestros pueblos y su actividad productiva (sector primario) constituyen también una oportunidad para luchar contra la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad. Por ello es importante dar valor y relevancia a las buenas prácticas que se realizan en este ámbito y que contribuyen a abordar esta problemática. La lucha contra la despoblación tiene que tener en cuenta la mejora del territorio, de la gestión forestal y de las actividades sostenibles que refuerzan los bienes y servicios ambientales.


De forma muy ligada al mundo rural, la agricultura es una de las grandes asignaturas pendientes. No se puede frenar el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la sequía, ni la “erosión” rural si no se actúa sobre el modelo agroalimentario. Para este fin el dinero que aportarán los fondos europeos no es muy elevado ni van dirigidos a la necesaria transformación del sector. Así se dedicarán 270,8 millones para dotar de sistemas para el ahorro del agua y la eficiencia energética a la red de regadíos, además de 118 millones de euros para abordar la transición ecológica de la agricultura y la ganadería y defensa de plagas y enfermedades emergentes.


La ganadería y agricultura intensiva está en la raíz del problema del modelo actual. No se trata sólo de mejorar la eficiencia en la gestión de los recursos del proceso productivo, sino de apoyar las alternativas al modelo, potenciando la necesaria y urgente transición hacia la agroecología. España es el país de la UE con más superficie dedicada al cultivo ecológico y, sin embargo, este año el programa dedicado a la competitividad y a la calidad alimentaria para desarrollar la agricultura ecológica ha disminuido su presupuesto casi un 20% comparado con 2018, algo que no se entiende más aún cuando la Comisión Europea marcó un objetivo de alcanzar un 25% de superficie agrícola en ecológico para 2030. Como nota positiva, este mismo programa va a emplear una partida para el desperdicio alimentario de 283,45 millones de euros.


En estos duros momentos, se precisa una estrategia global de acción para detener y revertir los impactos ambientales negativos generados por la humanidad sobre el planeta de manera inmediata y concreta, ya no tenemos tiempo.


Si frente al coronavirus los gobiernos se han sentido legitimados para tomar medidas contundentes por el bien común, incluso pasando por encima de las implicaciones sobre la economía a corto plazo, frente al cambio climático el bien común se deja de lado para que ganen las grandes corporaciones, que son las que siguen dictando el ritmo y la intensidad de la respuesta climática, sólo pensando en sus beneficios. Las mismas multinacionales (y gobiernos) que han bloqueado el tratamiento climático durante años (incluso han financiado el negacionismo) quieren ahora controlar el tratamiento para que los beneficios sigan siendo suyos.


La naranja de LA HUERTICA

Publicado el 24 Ee octubre Ee 2020 a las 5:20 Comments comentarios (131)


El naranjo sabe a vida, Y el olivo a tiempo sabe, Y entre el clamor de los dos, mi corazón se debate. (Miguel Hernández)


LA HUERTICA estrena temporada naranjera con la variedad New Hall de clase Navel; después vendrá la Navelina, más pequeña; tras ella la Navel, después Navel Late; Lane; Lane Late; Sanguina Moro (oscura); la Sanguinelli; Salustiana y por último Valencia Late. Todas de cultivo ecológico, con polinizadores naturales que hacen miel para nosotros, con riego “a manta”, por acequia, y mimadas por clima excepcional.


Como tal, las naranjas son producto de la mutación genética natural, mediante cuidadosa polinización cruzada, entre dos frutas que sí existían antiguamente, el pomelo y la mandarina. Es un híbrido. El cruce se logró en las culturas asiáticas (Indochina) hace algunos milenios, y su nombre deriva del sánscrito "narang" (el árbol que da naranjas) que a su vez tiene raíces del tamil y el persa.


Según cuenta Marguelonne Toussant en su exhaustivo libro Historia natural y moral de los alimentos (Alianza Editorial, 1991), la primera referencia escrita de los cítricos la encontramos en el manuscrito Yu Kung, en el que se narra que 'envueltos en un pañuelo de seda bordado en el fondo de una cesta aparecen pomelos y naranjas' como tributos entregados al emperador Tayun, que reinó en China entre el 2205 y el 2197 a.C.


Nos consta por Plinio que la naranja ya era consumida por los patricios romanos, las cuales llegaban a sus mesas desde la lejana Palestina, desde donde la trajeron los Cruzados en la Edad Media a Europa. Por excavaciones arqueológicas se sabe que en época romana se cultivaron en Carthago, en el Norte de África, y que, probablemente, desde allí pasaron al Sur de Italia y Sicilia y, posteriormente, a la Península Ibérica.


Sin embargo, no es hasta la época de los grandes descubrimientos marítimos en los siglos XVI y XVII cuando las naranjas adquieren su merecida fama como fuente inigualable de vitamina C o antiescorbútica lo, que provoca la expansión de su cultivo.


Las naranjas fueron uno de los alimentos llevados por los colonizadores españoles a América, primero al Caribe, de allí a Florida y, posteriormente, de la mano de los misioneros, al Lejano Oeste, el Far West, a California.


Y en 1820, ocurrió algo inesperado. En un huerto de un monasterio en Brasil, una extraña mutación genética se produjo en algunos naranjos, haciendo que los frutos presentaran una curiosa abertura en su corteza, de donde aparecía una pequeña e inmadura segunda naranja... como dos siameses donde uno hubiera quedado inmaduro parasitando a su hermano. Era una naranja totalmente distinta, extraña y perturbadora a la vista... no obstante, algún valiente monje se atrevió a probarla y cuál sería su sorpresa ante el dulzor de aquel fruto. Muy pronto decidieron multiplicar esta impensada nueva variedad, la que se propagó por todo el mundo, conocida hoy como "Naranja de Ombligo" o Navel.


Aunque la presencia de los cítricos en la Huerta de Murcia se remonta a la época morisca, es en el pasado siglo cuando su cultivo alcanza la mayor expansión, llegando a ser un producto de importancia muy notable en la agricultura regional. Nuestro clima templado, de inviernos suaves y con muchas horas de sol, junto al buen hacer de nuestros agricultores posibilitó que nuestras naranjas y limones adquiriesen fama mundial, llegando a ser comercializados en toda Europa, incluida la entonces lejana Rusia.


Por un lado, y para no confundirlas con el resto, tenemos las naranjas amargas (Citrus aurantium), esas que dan a Sevilla su olor a azahar y que los ingleses se llevan para hacer mermelada. El resto de naranjas, las dulces (Citrus sinensis) se clasifican en tres grandes grupos: Navel, Blancas y Sanguinas.


Todas las de clase Navel son las naranjas de mesa de toda la vida. Es muy característica la especie de “ombligo” que tienen en un extremo del fruto. Son las ideales para comer frescas: de sabor intenso, jugosas, sin semillas y fáciles de pelar. Se puede hacer perfectamente zumo con ellas.


Las Blancas, no sé por qué se llaman así, pero el caso es que son las típicas naranjas de zumo. De forma más achatada, sin ombligo, con semillas y la piel más pegada a los gajos: caracteres que las hacen más adecuadas para hacer zumo que para consumir en fresco.


Las Sanguinas, aunque menos conocidas en los mercados, se cultivaban en el Mediterráneo desde el siglo XVIII. Su particular aspecto, como si se hubieran teñido de sangre (de ahí su nombre). Se trata simplemente una naranja corriente con un gen que ha mutado. Este gen es responsable de producir las antocianinas, que dan esos particulares tonos rojizos a la cáscara y a la pulpa. Esta sustancia, de gran poder antioxidante, sólo se forma cuando las temperaturas nocturnas son bajas Hay distintos tipos sanguinas, que se distinguen principalmente por la tonalidad de color y la acidez de la carne y el zumo: la Tarocco siciliana (muy apreciada en Italia, tiene IGP), la Sanguinelli española y la Moro (más oscura) que son las dos clases que LA HUERTICA recoge entre febrero y marzo.


Un año más podemos decir eso de: LA HUERTICA inaugura esta temporada de naranjas. Me siento la tía más feliz y orgullosa de este mundo. Qué las disfrutéis.

 

Primer litigio climático de España contra el Gobierno

Publicado el 3 Ee octubre Ee 2020 a las 6:50 Comments comentarios (114)


El sistema de soporte vital de nuestro planeta está en la cuerda floja: los bosques y océanos sanos nos ayudan a luchar contra la crisis climática, nos proporcionan aire limpio para respirar y pueden actuar como escudo contra nuevas enfermedades y pandemias. Cuando protegemos la naturaleza, nos protegemos a nosotros mismos.

Por eso, en lugar de perder la esperanza, debemos comprender por qué fallaron los gobiernos y organizarnos para hacer las cosas bien.

Para poner fin a la destrucción de la naturaleza, los gobiernos deberían:

  • ·         Dejar de anteponer las ganancias corporativas al bienestar de las personas.
  • ·       Transformar radicalmente la forma en que producimos y consumimos alimentos y otros bienes aliviará la presión   sobre la naturaleza.
  • ·    La creación de grandes santuarios marinos y de protección terrestre basados en derechos puede ayudar   a abordar la crisis climática, la pérdida de especies, la seguridad alimentaria y el riesgo de futuras pandemias.

 

Es el momento de luchar por una recuperación verde y justa. Hay que poner la salud de las personas y la naturaleza en el centro de las decisiones de gasto y políticas, que supondrá una mejor reconstrucción para resistir las múltiples crisis que están empeorando las injusticias y las desigualdades.

Los planes del Gobierno para reducir las emisiones en la próxima década, resultan totalmente insuficientes para luchar con eficacia contra el cambio climático, pues están muy lejos de las recomendaciones de la comunidad científica.

Por fin, la semana pasada, Greenpeace, junto con Oxfam Intermón y Ecologistas en Acción, iniciaron el Primer litigio de España con tra el Gobierno por su inacción ante el cambio climático. Ya era hora! 

La justicia tiene también una magnífica oportunidad de involucrarse en esta lucha de todos, obligando al Gobierno a adoptar políticas más ambiciosas, que garanticen un medio ambiente saludable en el que podamos vivir en condiciones dignas y saludables por muchos años más.

Los litigios climáticos se han multiplicado en los últimos años en todo el mundo: hasta la fecha, se han presentado demandas en, al menos, 39 países. La mayoría se dirigen contra grandes corporaciones, cuya actividad productiva genera gran cantidad de emisiones que aceleran el cambio climático, con consecuencias devastadoras en numerosos lugares del planeta.

LA HUERTICA ve una oportunidad histórica para conseguir llegar a tiempo de mitigar un cambio climático devastador, ya que nuestro país es uno de los más vulnerables al cambio climático de Europa.

Uno de los problemas está claro. Las industrias destructivas están presionando nuestros ecosistemas más que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Las mega corporaciones no solo han basado su modelo de negocio en la quema de combustibles fósiles, incendiar bosques para despejar la tierra para cultivos industriales y saquear zonas cada vez más profundas y remotas de los océanos, sino que también están contaminando nuestra política para debilitar el medio ambiente.

La reconstrucción económica tiene que ser sostenible.

Publicado el 26 Ee septiembre Ee 2020 a las 5:30 Comments comentarios (177)


El mundo necesita un plan de recuperación económica que sea verde, justo y resiliente (capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro).


El debate sobre la reconstrucción económica se abre camino en España y Europa.  El diseño de los primeros paquetes de estímulo público marcarán la senda del modelo económico y social. ¿Cuáles serán?


LA HUERTICA cree que la economía y el empleo se pueden y deben de recuperar a través de medidas de desarrollo sostenible y restauración de la naturaleza. Ahora más que nunca hay que cambiar el actual modelo para impulsar una recuperación que permita lograr los objetivos climáticos de no superar el 1,5 °C e impulsen los objetivos de desarrollo sostenible.


Todos coinciden en la necesidad de abandonar el apoyo a las tradicionales industrias contaminantes, así como de continuar y reforzar la senda de transición ecológica hacia una economía descarbonizada y que respete los límites del planeta.


La “nueva normalidad” en España debe significar la apuesta por un modelo energético más limpio, eficiente y renovable, que incluya la tramitación de la Proposición de Ley de Cambio Climático y Transición Energética y las inversiones previstas en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que contemplan una inversión de 241.400 millones de euros entre 2021 y 2030 destinados fundamentalmente al impulso de las renovables.


Asimismo, otros nichos de empleo verde, tan necesarios en la recuperación económica justa, son los ligados a la inversión en depuración y gestión del agua basada en la demanda y en la recuperación de los humedales y acuíferos, ya que es necesaria una transición hidrológica que garantice un uso racional de este recurso. Por otro lado, es clave que se invierta de manera decidida en la gestión sostenible de los bosques productivos y en la prevención de incendios.


Cabe recordar que la recuperación económica resiliente no será tal sin la protección y conservación de la biodiversidad y la restauración a gran escala de los ecosistemas degradados, hábitats fluviales y lacustres, forestales, agrarios y costeros, para asegurar el correcto funcionamiento del sistema natural y su adaptación a los impactos del cambio climático. 


Desde LA HUERTICA creemos que es un momento clave para reorientar la Política Agraria Común (PAC), para que el 50% de su presupuesto esté asociado a objetivos ambientales y climáticos, y que la Estrategia de Biodiversidad proponga como meta la protección de un 30% de la superficie marina y terrestre.


¿Qué puedes hacer tú?

Otro rumbo es posible. Defiende una reconstrucción económica verde en España y Europa tras las crisis del coronavirus que nos haga coger otra dirección.

El cultivo del guisante

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.

 

El cultivo del guisante

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.

 

El cultivo del guisante

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.