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LA HUERTICA

GUÍA PARA UN CONSUMO RESPONSABLE (Segunda Parte)

CAMBIO CLIMÁTICO Y CONSUMO 1.1 La Huella de Carbono 1.2 El Consumidor es la clave 1.1 El cambio climático desde la perspectiva del consumo: la huella de carbono Cada vez estamos más acostumbrados a oír hablar de las emisiones de carbono y las toneladas de carbono que emite cada país, y más recientemente, cada ciudadano. El enfoque de contabilización de las emisiones utilizado más generalizado, es la llamada “perspectiva de la producción”. Se contabilizan las emisiones generadas en cada territorio, independientemente del destino de los productos o servicios que han generado esas emisiones. Así por ejemplo, si en un lugar se produce electricidad que luego se exporta, las emisiones de la generación de la electricidad se contabilizarán en el territorio donde se produce la electricidad, aunque luego ésta se consuma en otro lugar. Por el contrario, si en un territorio se consume electricidad, pero ésta es importada, las emisiones de carbono no se estarían contabilizando como propias de ese lugar donde se consume. Frente a este enfoque existe la contabilización de las emisiones desde la “perspectiva del consumo”. Según este enfoque, las emisiones generadas por la fabricación de un producto se contabilizan allá donde el producto se consume y no donde éste se haya fabricado. Por ejemplo, si en Murcia compramos un electrodoméstico fabricado en China, desde la perspectiva del consumo las emisiones correspondientes a la fabricación de ese electrodoméstico serían responsabilidad del comprador murciano y no del fabricante chino. El cálculo de emisiones desde la perspectiva de la producción se realiza contabilizando y sumando todos los focos de emisiones de una región determinada. Para el cálculo según la perspectiva del consumo, a las emisiones generadas en una región habrá que restar las emisiones “exportadas” (a través de todos los productos o servicios que acaban consumiéndose fuera de la región), y sumarle todas las emisiones “importadas” en los productos producidos en el exterior. A la contabilización de las emisiones desde el punto de vista del consumo, también se le llama “huella de carbono”, y da una visión más real del impacto de nuestras actividades sobre el clima de la Tierra. Si bien la perspectiva de la producción es muy útil para controlar la evolución de las emisiones en cada país o región, esta perspectiva se queda corta si lo que queremos es buscar las mejores medidas para reducir las emisiones desde nuestros hábitos de consumo. Siguiendo con el mismo ejemplo, este punto de vista nos permitirá diseñar actuaciones que acabarán reduciendo las emisiones en China más que en Murcia, pero siendo el cambio climático un problema global, estas reducciones serán igual de valiosas que las reducciones locales En definitiva, la utilización de la huella de carbono nos permite contar con más elementos para diseñar acciones de mitigación del cambio climático. Nos permite valorar de una manera más real el impacto sobre el clima de nuestros hábitos de consumo y el potencial de mitigación de las medidas de lucha contra el calentamiento global. Así por ejemplo, el cálculo de la huella de carbono en España revela que las actividades de consumo con más impacto sobre el clima son, en este orden: la vivienda y los bienes del hogar, el transporte cotidiano, la alimentación y la energía consumida en casa. Es evidente que es en éstos sectores donde debemos tratar de incidir en mayor medida en la mitigación del cambio climático. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), el consumo doméstico de los ciudadanos europeos representa una de las mayores presiones ambientales no sólo en Europa sino también fuera de sus fronteras y además el impacto está creciendo al menos desde 1990. Esta creciente presión se explica no sólo por el crecimiento económico, sino por factores sociales y demográficos. Además, aunque la eficiencia energética de los electrodomésticos cada vez es mayor, el consumo energético de las viviendas no disminuye. La razón es que ha aumentado mucho el número de electrodomésticos y aparatos que usamos habitualmente y además su vida media es muy corta debido a los rápidos cambios de moda y tecnológicos. 1.2 Los consumidores tenemos un doble papel en la mitigación del cambio climático Según trabajos de la propia Agencia Europea del Medio Ambiente o de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las políticas más efectivas para reducir el impacto ambiental del sector doméstico consisten en combinar medidas legales, de mercado, informativas y educativas. Y en este marco, el papel del ciudadano como consumidor es fundamental por varias razones. En primer lugar porque a la hora de comprar un producto o servicio, tiene en su mano la capacidad de escoger, de entre todas las alternativas, aquella opción más respetuosa con el clima. Si además tenemos en cuenta que muchos productos generan un mayor impacto durante su uso que durante la fabricación se revela que los hábitos de uso de los consumidores son también clave en la prevención del cambio climático. Pero sobre todo, los consumidores representan una palanca clave para modificar la actuación de las empresas. Frente a medidas legislativas y a la presión de las organizaciones sociales, la demanda de los consumidores se ha mostrado como uno de los mecanismos más rápidos para hacer cambiar a las empresas y al diseño de sus productos y servicios. Efectivamente, si el consumidor discrimina a la hora de hacer sus compras, favoreciendo a las empresas que más responsabilidad muestran hacia el cambio climático, el mercado está mandando una señal que puede tener un efecto mucho más rápido y más profundo que muchas medidas legislativas. GUÍA DE CONSUMO RESPONSABLE. CRITERIOS PARA UN CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA: 2.1. Criterios para un consumo responsable frente al cambio climático 2.2. Cómo tomar una decisión más responsable con el clima  Hay quienes denominan a la sociedad de los países desarrollados la sociedad de consumo. En efecto,para bien o para mal, una parte importante de nuestra economía depende del consumo de masas. Pero no debemos perder de vista que el consumo tiene toda una serie de consecuencias ambientales y sociales. Una de estas consecuencias es la emisión de considerables cantidades de gases de… Seguir leyendo GUÍA PARA UN CONSUMO RESPONSABLE (Segunda Parte)

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GUÍA PARA UN CONSUMO RESPONSABLE (Primera parte)

GUÍA DE CONSUMO RESPONSABLE. INTRO: Lo importante es lo que haces No lo que compras. Una temporada más, y ya van once, La HUERTICA tiene un objetivo claro que cumplir: CREAR CONCIENCIA DE CONSUMO RESPONSABLE para luchar contra EL CAMBIO CLIMÁTICO. Nosotros no somos solo un grupo de consumo cualquiera, nosotros queremos hacerlo bien, de forma responsable. Por eso hemos dividido esta guía en varias partes que os iremos presentando poco a poco. Hay que consumir responsablemente, tanto desde el punto de vista global, como en nuestras pautas individuales y poner los cimientos para que las generaciones venideras puedan disfrutar de una calidad de vida en términos de salud, bienestar y solidaridad en un marco de clima y desarrollo sostenibles. Estamos cansados de repetir que para hacer realidad la sostenibilidad del desarrollo humano hace falta un cambio en la perspectiva global, actuando sobre las causas fundamentales, es decir sobre las pautas económicas de producción-consumo que no son sostenibles ecológicamente por exceder la capacidad de carga de los ecosistemas. El objetivo final es la definición de un nuevo modelo de relaciones entre la sociedad y la naturaleza que permita conseguir el gran reto del siglo XXI: lograr la sostenibilidad del desarrollo humano y de todas las formas de vida en co-evolución con la biosfera compartiendo un destino común. El consumo responsable ha dejado de ser un concepto especializado sólo manejado por expertos y ha pasado a ser un fenómeno que preocupa y atañe a la ciudadanía, o por lo menos a esa parte donde nos encontramos nosotros. Hoy en día los consumidores saben que sus compras y hábitos de consumo tienen un impacto sobre la sociedad en general y sobre el medio ambiente. Ejemplos como la eliminación de los CFCs1 en los aerosoles y sistemas de refrigeración, la difusión del etiquetado energético europeo, o la extensión de los sistemas de recogida y reciclado de envases han sido posibles gracias a que los consumidores han asumido que existe un impacto ambiental asociado a sus compras, aunque con frecuencia este impacto no se comprende completamente. Por otra parte, el cambio climático se ha convertido en el problema ambiental más tratado en los medios de comunicación. Uno de los mensajes clave que ya se ha generalizado es que el cambio climático es un problema tan grave y complejo que su responsabilidad se extiende a todos los ámbitos de la sociedad y, por tanto, desde todos estos ámbitos debemos cambiar nuestro modo de tomar decisiones y de actuar. Por ello no es de extrañar que un número creciente de consumidores, administraciones y empresas como nosotros se estén haciendo preguntas como: ¿Cómo influye el consumo sobre el cambio climático? ¿Cómo va a afectar la preocupación por el cambio climático a los hábitos de consumo? y ¿cómo se puede contribuir a la lucha contra el cambio climático desde el consumo? Estas cuestiones ponen de relieve un elemento fundamental cuando hablamos de consumo responsable y cambio climático: el poder del consumidor para reducir su impacto y para premiar a las empresas que innoven con productos más limpios y eficientes. Pero si bien es cierto que nunca antes los consumidores habían cuestionado tanto a las marcas de consumo, a las empresas que hay detrás y a sus impactos sociales y ambientales, también lo es que todavía son minoría los consumidores que utilizan herramientas de elección y presión, como la compra responsable o el boicot a productos y marcas por cuestiones ambientales o éticas. Podríamos analizar las barreras que hoy en día dificultan que los consumidores pasen de la preocupación a la acción: del cuestionamiento de determinados comportamientos empresariales a la utilización de su poder como compradores, escogiendo a los mejores productos y vetando a los menos responsables. Entre estas barreras encontramos justificaciones tan variadas como la idea preconcebida de que los productos limpios son más caros, que su calidad es cuestionable, o que vienen de marcas poco familiares para el consumidor y que no ofrecen confianza. Por otra parte, los consumidores sienten a menudo que no disponen de información suficiente y de calidad para hacer una elección responsable, lo que supone un reto para los fabricantes y vendedores, para los organismos públicos reguladores y para organizaciones de la sociedad civil como las asociaciones de consumidores y las organizaciones ecologistas. El objetivo de esta guía consiste en tratar de vencer esas barreras aportando claridad a algunos de los puntos críticos para la extensión de un modelo de consumo responsable que ayude a luchar contra el cambio climático. Por eso hemos divido esta guía de consumo responsable en cuatro partes que iremos publicando semanalmente para ayudar, al que así lo quiera, en la lucha contra el cambio climático desde una perspectiva individual, para no tener que morir esperando al político héroe que llevamos años esperando. En primer lugar, trataremos de describir cuál es la relación entre cambio climático y consumo: cómo, desde nuestro papel de consumidores, estamos contribuyendo al calentamiento global con nuestros hábitos de compra, cómo de importante es esta contribución y cómo de relevantes las soluciones que podemos aportar. En segundo lugar, ofrecemos algunos criterios generales para un consumo responsable con el clima. Se trata de indicaciones generales que ayudan a entender cómo podemos hacer frente al cambio climático desde nuestros hábitos como consumidores. Nuestro objetivo es que estos criterios sirvan para entender el problema y que ante cualquier decisión, el consumidor entienda el impacto sobre el cambio climático de varias alternativas, sepa valorar la importancia de su decisión y pueda obrar en consecuencia. En tercer lugar, presentamos doce sugerencias concretas para actuar frente al cambio climático desde nuestro papel de consumidores. Se trata de mostrar ejemplos para aquellos que todavía se preguntan “sí pero, ¿qué puedo hacer yo?”. Doce sugerencias concretas entre las que cualquiera puede escoger para aplicar en su caso, y a partir de ahí encontrar sus propias ideas para contribuir a detener el cambio climático. Finalmente, os presentaremos cinco propuestas institucionales para contribuir a la lucha contra el cambio climático desde el consumo. Ideas que para su puesta en marcha necesitan del acuerdo y participación… Seguir leyendo GUÍA PARA UN CONSUMO RESPONSABLE (Primera parte)

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05 de junio Día Mundial del Medio Ambiente

05 de junio Día Mundial del Medio Ambiente. Poner en marcha acciones que nos ayuden a proteger y salvaguardar la salud del planeta es esencial para evitar que los efectos del cambio climático sean irreversibles. Bajo esta premisa se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Cada 5 de junio es importante recordar el enorme valor de la naturaleza y la importancia de protegerla para lograr un futuro más sostenible. Los ecosistemas son el sustento de la vida en el planeta. Su cuidado y protección repercute de forma directa en la salud del planeta y sus habitantes. Con la celebración de esta efeméride tiene como objetivo no solo la recuperación de aquellos ecosistemas destruidos o degradados, sino también el cuidado y protección de aquellos que aún están intactos. Unos ecosistemas saludables tienen múltiples beneficios para la vida en la Tierra desde ayudar a contar con una biodiversidad mucho más rica junto con unos suelos más fértiles y con mayor rendimiento hasta garantizar y mejorar la lucha contra el cambio climático.https://www.youtube.com/watch?v=Z1czf7muH9M&t=19s

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