LA HUERTICA

La Sandía siempre en verano

Si existe una fruta que me recuerde siempre al verano, esa es la sandía. Recuerdo aquellos veranos de la infancia en los que cada vez que entrabas a la cocina, abrías la nevera y ahí estaba, destacando ante mis ojos entre todo lo demás, cortada en trocitos para que fuera más fácil comérmela (vivan las madres y los padre que dejan la fruta pelada al alcance de los niños).

La sandía tiene su origen en el desierto de Kalahari en el continente africano, donde aún hoy en día crece de forma silvestre. Pero los primeros vestigios de su cultivo se encontraron concretamente en Egipto y datan del 3.000 a.C. Las fértiles márgenes del río Nilo fueron sin duda una de las zonas donde se expandió el cultivo de esta fruta, ayudando en la producción el agua del río y el clima cálido de estas latitudes. Desde aquí, ascendiendo el Nilo, llegó hasta el Mar Mediterráneo y se comercializó en los países ribereños como Italia, Grecia o España. Durante el siglo X se introdujo en China, causando gran efecto y popularidad como alimento, incluso en la actualidad en los actos sociales de importancia es habitual regalar sandías como presente.

 

Tras el descubrimiento de América fueron los pobladores europeos los que la introducirían en el Nuevo Mundo, extendiendo su cultivo por todo el continente.

Las sandías silvestres poseen un tamaño inferior a las cultivadas y su sabor es muy amargo por lo que no resultaba un alimento demasiado agradable. El ser humano ha ido eliminando el amargor mediante el cultivo y la selección de especies dulcificadas.

En la Región de Murcia, al igual que en el resto de España, fueron introducidas por los musulmanes durante el periodo de dominación árabe de la Península Ibérica entre los siglos VIII y XV. Su nombre marca esta procedencia ya que proviene del árabe hispánico saníyya, en árabe clásico sindiyah, de Sind, una región de Pakistán.

El Campo de Cartagena, el Valle del Guadalentín y los municipios de la huerta de Murcia son las principales zonas de cultivo de sandía en la región.

Las características de sus raíces se adaptan perfectamente a los climas tropicales o cálidos ya que profundizan muy poco en la tierra y se extienden a lo largo del suelo en una amplia superficie, permitiéndoles absorber con rapidez el agua de lluvia o el simple rocío de la mañana.

Las particularidades de la sandía hicieron que fuera una fuente de agua para los habitantes y animales de estas regiones.

Una sandía para que esté buena tiene que ser grande, para que tenga tiempo a coger azúcar. Las sandías con pepitas son variedades más antiguas, con mayor arraigo y tradición en las pequeñas huertas de Murcia y campos de Cartagena, así como un tamaño superior., por eso están buenas.

Las sandías sin pepitas son cultivadas a partir de semillas producidas tras cruzar sandías. Son las que más se demandan y por ello, las que más se plantan. A nivel de agricultor, son más fáciles de sacar pues al carecer de pipo hay menos riesgos de enfermedades internas, igual que la uva.

Propiedades

  • Es una fruta con más del 90% de agua, super hidratante
  • aporta vitamina C, aunque en menor cantidad, ayudando a la formación del colágeno de la piel, interviniendo en la rapidez de la cicatrización de heridas, formación de nuevos tejidos en huesos fracturados y lesiones musculares o de ligamentos.
  • Contiene vitamina B que interviene en la regulación del sistema nervioso, reduciendo la hipertensión, protegiendo el aparato digestivo y permitiendo la buena salud de la piel.
  • Entre los minerales que posee esta fruta destaca el manganeso, imprescindible para la formación de los huesos, el sistema nervioso, e incluso aportando propiedades afrodisíacas. ¡Ojo! 😉
  • Su amplio aporte de agua la convierte en un excelente diurético por lo que resulta un alimento indicado para las personas que padecen cálculos renales, elevado ácido úrico y otras dolencias relacionadas con la retención de líquidos.

Generalmente es una fruta muy digestiva, no obstante, hay que destacar que ciertos expertos aconsejan no ingerirla tras las comidas, ya que en algunas personas su elevado nivel de agua puede diluir los jugos gástricos retrasando la digestión y provocando sensaciones de indigestión.

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