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LA HUERTICA

La Huertica, nuestro estilo mediterráneo sin residuos

Somos MEDITERRÁNEOS, de pura cepa… “Quizá porque mi niñez sigue jugando en sus playas…” no lo sé, para nosotros es la mejor dieta para comer sano y basada en plantas. Es deliciosa y nutritiva, y su consumo se asocia a diversos beneficios para la salud. Además, es fácil de seguir y sostenible a largo plazo. Y con nosotros, no hace falta salir de casa para seguir la dieta o aprovechar sus beneficios. La dieta mediterránea es una maravilla y es, también, la que menor impacto ambiental tiene. Aunque no seas fan del hummus, del tabulé o de las aceitunas, merece la pena darle una oportunidad a la dieta mediterránea porque, cuando se trata de jerarquizar patrones de alimentación saludable, nuestra tan característica alimentación aparece constantemente en la parte superior de todos los ránquines. Ya hemos hablado mil veces que la dieta mediterránea es más un estilo de vida que una dieta estructurada. Mientras que la comida juega un papel enorme en la definición del estilo de vida mediterráneo, la forma en que se disfruta también es muy importante: el énfasis en la vida al aire libre. Comer fuera, encontrarse con amigos en una terraza al aire libre, disfrutar de las puestas de sol con tu bebida preferida o sencillamente sentarse en cualquiera de los caminos a lo ancho y largo de nuestra costa. ¿No te imaginas una noche cálida al aire libre, una mesa larga llena de platos deliciosos y saludables hechos para compartir con familiares y amigos? Días bañados por el sol bajo el cielo azul, noches estrelladas al calor de los amigos, la belleza de los mil colores azules verdosos del mar… Personas de todo el mundo han buscado la inspiración en el Mediterráneo, para impregnarse de gran parte de nuestro carácter y de nuestras vidas. Si bien es difícil de definir la vida mediterránea en una sola palabra, creo que más difícil es seguirla si comes fuera de casa. Por eso, vamos a darte una serie de pautas nutritivas para que tú las adaptes a vida diaria, si quieres 😉 Mantener los hábitos de comida saludables fuera de casa no siempre es fácil, si no te llevas tu propia comida al trabajo, debemos elegir un restaurante que incluya la posibilidad de elegir fruta de postre, con platos de legumbres, verduras frescas (cocinadas o en forma de ensalada), carnes blancas, pescados y huevos. Debemos evitar salsas muy grasas o con azúcares. Si el plato que elegimos va acompañado de una salsa, podemos pedir que la pongan aparte. El pan integral, agua como bebida o también una copita de vino, pero todo con aceite de oliva. Además, «si las raciones son demasiado grandes, podemos pedir un solo plato, solicitar que nos pongan una ración más pequeña o que nos guarden en una tartera lo que nos sobre». Menú diario mediterráneo Desayuno Una tostada de pan integral con un chorrito de aceite de oliva con queso y hortalizas, por ejemplo, con unos pimientos asados. Un café con leche o té. A media mañana Una fruta o un yogur con un puñadito de frutos secos o semillas oleaginosas. Si no se ha desayunado, una opción es comer un bocadillo pequeño de pan integral. Comida Hortalizas (ensalada, etc.) Legumbres con hortalizas o pastas o arroces integrales con verduras, a las que se puede añadir una pequeña cantidad de carne o pescado. Fruta fresca y de temporada de postre. Pan integral para acompañar. Agua, o un poquito de vino Merienda Un yogur con semillas o con frutas desecadas. Fruta fresca. Cena Hortalizas (por ejemplo, verdura cocida, asada o en puré) Pescado o huevos y hortalizas. Fruta de postre. Pan integral. Todo ello cocinado con aceite de oliva y con poca sal, y elaborado con mucho amor.

Meditaciones de una guerrera. Inauguramos nueva temporada 24/25

¡Buenos días, huerteros! Una temporada más, volvemos a la carga (Jo, tenía tantas ganas de decirlo) Bienvenidos a todos los que, tras este parón veraniego, hoy nos leéis con cariño. Trece años de experiencias con muchos de vosotros que nos han hecho amigos para siempre (como dice la canción) y donde hay cariño, hay sembrado amor. La fuerza más poderosa del universo, la mejor motivación en la vida, esa energía que todo lo puede está enraizada ya entre nosotros, queridos huerteros, hasta que el corazón se seque. Empezamos… Para los que nos leéis por primera vez, sabed que LA HUERTICA es un club de amigos, primero del planeta, de la naturaleza y, por supuesto, de la huerta, el jardín de las delicias. Concienciados con construir un mundo mejor que el que encontramos. Hace trece años, era una cosa de locos, ahora es de sabios: “cada surco de la tierra es una promesa de abundancia y sustento para las generaciones venideras, pero hay que hacerlo bien» Ahora, vamos al grano. ¿Sabéis una cosa? Tengo el huerto precioso. No hemos pasado un verano muy caluroso. Aunque hemos sobrepasado los 40ºC algún día, no hemos visto el termómetro acercarse a los 48ºC como el año pasado. Pero la sequía se nota, y se va a notar mucho más si no empezamos a valorar el agua como otra fuente de energía tan importante como el amor. A día de hoy, con ella se especula, se trafica y se envenena mucho más de lo que imagináis. La próxima guerra será la del agua, espero que sepamos enfrentarnos al problema desde una visión sostenible. Sabed que Murcia y Almería están a la cabeza de la producción ecológica e integrada a nivel nacional y a nivel internacional es el método de agricultura más sostenible pues tenemos el mejor foco el universo, el Sol, durante todo el año y sin enchufes extra. LA HUERTICA ha estado mimando mucho su huerto este verano. Tenemos unos seis naranjos sin coger de la temporada de junio. La clase ya sabéis que es Valencia Late que tras los calores del verano están mucho más dulces y también más feas, pero por dentro son E S P E C T A C U L A R E S. Las de clase Navel, las primeras de este año, ya están gordas esperando a que la bajada de temperaturas otoñales las haga coger ese color característico que indica que ya están en su punto. Como sabéis, no es tiempo aún de naranja. La mayoría que se comercializan en verano son de Sudáfrica porque en España no hay por eso que hayamos mantenido nuestra producción en el árbol no ha sido fácil, pero con amor… ya se sabe. Ahora, aunque queda poco verano, es tiempo de melocotón, sandías y melones, de ciruelas, de mangos y de uvas, de tomates y pepinos, calabacines y berenjenas que irán dado paso en breve a la temporada de otoño son sus manzanas y peras, kakis, etc. calabazas, judías, coles, coliflores, y demás productos a los que os tiene acostumbrados LA HUERTICA, porque os habréis dado cuenta que los productos que os ofrecemos son siempre del mismo origen, nuestros campos. Seguro que muchos reconoceríais que son nuestros, solo con verlos. Las mismas clases año tras año, pues son las que consideramos se han adaptado en nuestra tierra. Por ejemplo, sabemos que una patata Kennebec es deliciosa pero aquí no se produce tan bien como en Galicia por miles de razones que marcan el ph, el agua y la temperatura. Pero produciendo la clase Espunta Holandesa somos unos artistas ¿verdad? Pues así con todo. Bienvenido a la república independiente de la huerta.

La Sandía siempre en verano

Si existe una fruta que me recuerde siempre al verano, esa es la sandía. Recuerdo aquellos veranos de la infancia en los que cada vez que entrabas a la cocina, abrías la nevera y ahí estaba, destacando ante mis ojos entre todo lo demás, cortada en trocitos para que fuera más fácil comérmela (vivan las madres y los padre que dejan la fruta pelada al alcance de los niños). La sandía tiene su origen en el desierto de Kalahari en el continente africano, donde aún hoy en día crece de forma silvestre. Pero los primeros vestigios de su cultivo se encontraron concretamente en Egipto y datan del 3.000 a.C. Las fértiles márgenes del río Nilo fueron sin duda una de las zonas donde se expandió el cultivo de esta fruta, ayudando en la producción el agua del río y el clima cálido de estas latitudes. Desde aquí, ascendiendo el Nilo, llegó hasta el Mar Mediterráneo y se comercializó en los países ribereños como Italia, Grecia o España. Durante el siglo X se introdujo en China, causando gran efecto y popularidad como alimento, incluso en la actualidad en los actos sociales de importancia es habitual regalar sandías como presente.   Tras el descubrimiento de América fueron los pobladores europeos los que la introducirían en el Nuevo Mundo, extendiendo su cultivo por todo el continente. Las sandías silvestres poseen un tamaño inferior a las cultivadas y su sabor es muy amargo por lo que no resultaba un alimento demasiado agradable. El ser humano ha ido eliminando el amargor mediante el cultivo y la selección de especies dulcificadas. En la Región de Murcia, al igual que en el resto de España, fueron introducidas por los musulmanes durante el periodo de dominación árabe de la Península Ibérica entre los siglos VIII y XV. Su nombre marca esta procedencia ya que proviene del árabe hispánico saníyya, en árabe clásico sindiyah, de Sind, una región de Pakistán. El Campo de Cartagena, el Valle del Guadalentín y los municipios de la huerta de Murcia son las principales zonas de cultivo de sandía en la región. Las características de sus raíces se adaptan perfectamente a los climas tropicales o cálidos ya que profundizan muy poco en la tierra y se extienden a lo largo del suelo en una amplia superficie, permitiéndoles absorber con rapidez el agua de lluvia o el simple rocío de la mañana. Las particularidades de la sandía hicieron que fuera una fuente de agua para los habitantes y animales de estas regiones. Una sandía para que esté buena tiene que ser grande, para que tenga tiempo a coger azúcar. Las sandías con pepitas son variedades más antiguas, con mayor arraigo y tradición en las pequeñas huertas de Murcia y campos de Cartagena, así como un tamaño superior., por eso están buenas. Las sandías sin pepitas son cultivadas a partir de semillas producidas tras cruzar sandías. Son las que más se demandan y por ello, las que más se plantan. A nivel de agricultor, son más fáciles de sacar pues al carecer de pipo hay menos riesgos de enfermedades internas, igual que la uva. Propiedades Es una fruta con más del 90% de agua, super hidratante aporta vitamina C, aunque en menor cantidad, ayudando a la formación del colágeno de la piel, interviniendo en la rapidez de la cicatrización de heridas, formación de nuevos tejidos en huesos fracturados y lesiones musculares o de ligamentos. Contiene vitamina B que interviene en la regulación del sistema nervioso, reduciendo la hipertensión, protegiendo el aparato digestivo y permitiendo la buena salud de la piel. Entre los minerales que posee esta fruta destaca el manganeso, imprescindible para la formación de los huesos, el sistema nervioso, e incluso aportando propiedades afrodisíacas. ¡Ojo! 😉 Su amplio aporte de agua la convierte en un excelente diurético por lo que resulta un alimento indicado para las personas que padecen cálculos renales, elevado ácido úrico y otras dolencias relacionadas con la retención de líquidos. Generalmente es una fruta muy digestiva, no obstante, hay que destacar que ciertos expertos aconsejan no ingerirla tras las comidas, ya que en algunas personas su elevado nivel de agua puede diluir los jugos gástricos retrasando la digestión y provocando sensaciones de indigestión.

Paraguaya, paraguayo, chato o de botón, incluso, donut, para los americanos

Ahora la protagonista indiscutible de los almacenes es la paraguaya, o melocotón chato. Una de mis frutas favoritas, me gusta y me sienta fenomenal ¿Quieres que te cuente lo que sé sobre esta deliciosa fruta? La paraguaya (Prunus persica var. platycarpa) es otra de las saludables, coloridas y sabrosas frutas de hueso que tenemos cada primavera en La Huertica, con su dulzura natural, y claramente murciana. El paraguayo surgió de una mutación natural del melocotonero hace siglos en Asia, probablemente en zonas de la China actual, donde se sabe que los árboles de ambos frutos eran cultivados con fines ornamentales para los jardines imperiales, y también para el consumo de sus frutos, muy apreciados por las clases nobles. Conocido allí como pántáo o ping-tzu-tao («melocotón en espiral» o «de plato»), algunas teorías afirman que sería Alejandro Magno quien introdujo su cultivo en la Antigua Grecia, pero en cualquier caso serían las rutas comerciales entre pueblos y civilizaciones las que extenderían su producción por el Mediterráneo.  Responde a infinidad de nombres que pueden confundirte un poco según la región donde nos encontremos. Paraguayo aquí en el sureste, paraguaya en el centro peninsular, también se conoce como melocotón chato, de botón, durazno japonés o, ya en inglés, donut, saturn o flat peach. La descripción más sencilla que se puede hacer del paraguayo es el imaginar un melocotón aplastado. Con forma redondeada y perfil chato, como un disco o plato grueso, el apodo que tiene en Estados Unidos es el que mejor lo describe, pues ciertamente tiene apariencia de dónut o rosquilla, con una pequeña hendidura en el centro que corresponde al lugar donde encontramos el pedúnculo y, en su interior, el hueso. A diferencia del melocotón, el paraguayo no es de color naranja, sino que presenta una gama de tonos verdes y rojizos, con toques rosados y ligeramente anaranjados o pardos. Son frutas climatéricas que siguen madurando después de la recolección, y ofrecen una pulpa normalmente más acuosa, jugosa y dulzona, no tan fragante como sus hermanos mayores. Se trata de una fruta rica en fibra y agua, de escaso aporte energético y gran fuente de vitaminas y minerales. En cuanto a sus micronutrientes, el paraguayo destaca por su contenido en vitaminas antioxidantes, especialmente vitamina C y vitamina A, carotenoides. También es fuente de folatos y nos aporta una buena cantidad de potasio, unos 170 mg, además de ser una fuente moderada de fósforo y magnesio. Disfrutemos de esta delicia que luego se la echa de menos.

Los Albaricoques murcianos

¡Buenos días, huerteros!   Hoy es un día especial para nosotros. Empieza la fiesta de la fruta murciana… la de hueso.   Empezamos la semana pasada con el níspero que es el primero en madurar, le sigue el albaricoque, después del chato o paraguaya, el melocotón rojo, luego la cereza, la ciruela, el melocotón de Cieza, la ciruela Claudia y así, se van sucediéndose distintas variedades de cada clase hasta llegar a septiembre. Pero el albaricoque de Ulea es sin duda la joya de nuestro Valle.   Sabías que…   El albaricoque se consume habitualmente en fresco, aunque son características también las confituras o mermeladas, así como los orejones (albaricoques secos que se emplean en recetas de postres o se comen en solitario acompañados de algún vino dulce de la tierra).   El albaricoque es bajo en calorías y contiene vitaminas A y C, aporta a la dieta potasio, fósforo, calcio y un gran contenido en fibra. En el caso de los orejones, albaricoques desecados, estos nutrientes aumentan, principalmente los minerales, pero con un inconveniente: sube también el número de calorías.   Debido a estos y otros aportes, el albaricoque es un posible agente anticanceroso, adecuado para mejorar la visión nocturna, un eficaz anti anémico, mejora los intestinos delicados, previene el raquitismo, ayuda con el insomnio, su piel actúa como laxante, es recomendable para afecciones de la piel o del sistema respiratorio y estimula el crecimiento infantil.   En repostería se utilizan para la elaboración de tartas, helados y postres. En recetas saladas combina con carnes de cerdo, cordero, aves y caza, a los que acompaña en salsas y rellenos.   Y tú ¿cómo los prefieres?