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LA HUERTICA

Los Albaricoques murcianos

¡Buenos días, huerteros!

 

Hoy es un día especial para nosotros. Empieza la fiesta de la fruta murciana… la de hueso.

 

Empezamos la semana pasada con el níspero que es el primero en madurar, le sigue el albaricoque, después del chato o paraguaya, el melocotón rojo, luego la cereza, la ciruela, el melocotón de Cieza, la ciruela Claudia y así, se van sucediéndose distintas variedades de cada clase hasta llegar a septiembre. Pero el albaricoque de Ulea es sin duda la joya de nuestro Valle.

 

Sabías que…

 

El albaricoque se consume habitualmente en fresco, aunque son características también las confituras o mermeladas, así como los orejones (albaricoques secos que se emplean en recetas de postres o se comen en solitario acompañados de algún vino dulce de la tierra).

 

El albaricoque es bajo en calorías y contiene vitaminas A y C, aporta a la dieta potasio, fósforo, calcio y un gran contenido en fibra. En el caso de los orejones, albaricoques desecados, estos nutrientes aumentan, principalmente los minerales, pero con un inconveniente: sube también el número de calorías.

 

Debido a estos y otros aportes, el albaricoque es un posible agente anticanceroso, adecuado para mejorar la visión nocturna, un eficaz anti anémico, mejora los intestinos delicados, previene el raquitismo, ayuda con el insomnio, su piel actúa como laxante, es recomendable para afecciones de la piel o del sistema respiratorio y estimula el crecimiento infantil.

 

En repostería se utilizan para la elaboración de tartas, helados y postres. En recetas saladas combina con carnes de cerdo, cordero, aves y caza, a los que acompaña en salsas y rellenos.

 

Y tú ¿cómo los prefieres?

Por LA HUERTICA

Soy seguidora de muchísimos perfiles de gente que tiene su huerto Que cultiva sus cebollas, sus tomates, sus aromáticas… y me encanta verlo. Pero yo no vendo eso. Yo vendo origen. Vendo herencia. Vendo desde la semilla que lleva generaciones adaptándose a esta tierra. Murcia, una tierra ligada al comienzo de la agricultura mediterránea. De un puerto como Cartagena, donde durante siglos llegaron semillas de otros continentes a través de la Ruta de la Seda. Lo nuestro no es solo cultivo. Es memoria. Es adaptación. Es arte en agricultura

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